We Happy Few es uno de esos títulos que esperábamos con muchas ganas; como suele pasar con todos los buenos proyectos que nacen a través del financiamiento de la comunidad. A pesar de algunos traspiés, el nuevo juego de Compulsion Games, los creadores de Contrast, está entre nosotros y viene a contar una historia que brilla más por cómo es contada, que por cómo es jugada.

Lo más notable que tiene We Happy Few a primera vista es su contexto: inverosímil, pero no del todo utópico. El juego nos presenta una Londres destrozada por la Segunda Guerra Mundial, con los nazis arrasando todo a su paso y habitada por “parias” que intentan sobrellevar su vida casi con lo poco que les quedó en las afueras de Wellington Wells. También nos muestra la otra cara de la moneda, la de aquellos que siguen el régimen dictatorial de un gobierno que obliga a sus habitantes a consumir drogas que alteran la percepción de la realidad y los hace sentirse felices constantementes: el joy (o júbilo).

¡Ni un laburo de mimo en los clasificados!

Con este panorama empiezan a delinearse las primeras tramas. Nuestro protagonista inicial es Arthur Hastings -un hombre atormentado por los recuerdos de su hermano partiendo en un tren con destino incierto- y su trabajo consiste básicamente en censurar cualquier noticia que pueda hacer que los habitantes de Wellington Wells perciban el desastre que ha dejado la guerra. Cansado de la mentira decide abandonar el consumo de joy y renunciar a su trabajo. Con este suceso empieza oficialmente We Happy Few, después de escapar hacia las afueras de la ciudad podemos tomar control total de nuestro personaje y empezar a empaparnos de todas las mecánicas que el juego pone a nuestra disposición.

Para entender todo lo que sucede en Londres no sólo controlaremos a Arthur, sino que también nos pondremos en los zapatos de Sally Boyle y Ollie Starkey, quienes conectan con la historia de manera interesante y ofrecen otros puntos de vista sobre esta realidad paralela.

No es necesario jugar demasiado para entender la propuesta de Compulsion Games: una experiencia de supervivencia de mundo abierto en el que tendremos que fabricar nuestras propias armas, confeccionar los trajes que nos sirven para pasar desapercibidos en ciertas situaciones, preparar curativos y conseguir alimentos. Salvando las distancias, las afueras de la ciudad recuerdan a This War of Mine, no sólo por lo desolador del panorama, sino también porque depende de nosotros hasta que punto priorizamos nuestra supervivencia por sobre la convivencia. Ya que es posible entrar a “casas” ajenas y robar algunos materiales, pero claro, siempre habrá alguien listo para intentar recuperar sus pertenencias a base de golpes.

El diseño de las misiones es bastante simple, por no decir básico. En contraposición de la historia, el desarrollo de la acción es bastante aburrido por momentos. Aunque estemos en un mundo abierto con bastantes cosas por hacer, las misiones que corresponden al hilo argumental están poco desarrolladas. Casi siempre nos encontraremos yendo de un lugar a otro, infiltrándonos para conseguir un objeto que nos de acceso a la siguiente zona o haciendo recados para terceros. Por suerte es posible desarrollar habilidades que hacen del juego algo mucho más dinámico; pero de todas maneras cuando entendemos que lo jugoso de We Happy Few se encuentra en su narrativa, podemos hacer vista gorda en algunas ocasiones.

Pero si nos ponemos minuciosos es fácil notar que realmente algunas mecánicas hacen méritos para hundir este barco y el combate es una de ellas. Compulsion Games parece conocer sus falencias y nos invita casi siempre a infiltrarnos y eliminar uno por uno a nuestros enemigos por la espalda para avanzar tranquilos entre las líneas enemigas. Pero cuando nos descubren, toda esa armonía sigilosa se desbarata y empiezan los dolores de cabeza. Incluso hay momentos en los que no es una opción combatir y en vez de lidiar con varios adversarios a la vez es más sencillo cargar el último punto de guardado e intentarlo nuevamente.

Axel se pone violento si no te gustan sus canciones.

La dirección de arte y la ambientación son -junto a la historia- los bastiones que mantienen en pie al juego. Los suburbios rebosan de detalles que lo llenan de vida, aunque eso no sea lo que reine por esos lares. Hay detalles y situaciones que cuentan historias, que generan climas y contextos muy bien logrados, algo muy importante para poder hacer una experiencia más inmersiva cuando la jugabilidad siempre tironea para afuera. Por ejemplo, si transitamos las afueras de Wellington Wells con un traje elegante, los lugareños no tardarán en empezar a hablar de nosotros de manera despectiva, echándonos en cara el poco tacto que tenemos por andar “ostentando” entre personas tan despojadas. En fin, estos detalles y la historia es lo que mantiene al jugador sentado frente al televisor; y es lo que salva a We Happy Few de ser un título olvidable.

¿Mucho ruido y pocas nueces? No, We Happy Few es una propuesta interesante. No ofrece nada revelador, ni algo que no hayamos visto en esta generación, incluso a veces parece que juega con nuestro tiempo. Pero a pesar de eso Compulsion Games dotó al juego de una personalidad envidiable, que gracias a su historia levanta todo lo que se cae por momentos. Personajes entrañables, inesperados giros narrativos y un mundo que refleja a la perfección todo lo que sucede en la Europa utópica de los años 60; esos son algunos de los detalles que alcanzan para que la experiencia de saldo positivo.

https://www.youtube.com/watch?v=3CjnjSEUZyw

Revisado en PS4
We Happy Few no te va a volar la cabeza por ser innovador o ser un juego técnicamente perfecto. Pero si te dejás llevar por su narrativa y su arte el viaje llegará a buen puerto.

PALO Y ADENTRO

Developer:
Compulsion
Games
Publisher:
Gearbox
Publishing
Plataformas:
PS4, Xbox One,
Windows PC
Lanzamiento:
10 de Agosto
2018
Germán Raffo

Autor Germán Raffo

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