La industria del gaming está muy consciente de sus orígenes y los jugadores no olvidamos las épocas de gloria. Si tuviera que elegir una o dos generaciones en la que los juegos de acción y plataformas hayan florecido sin dudas iría por los 8 y 16 bits, y creo que la mayoría estaría de acuerdo. Justamente es ese consenso el que nos lleva a buscar una y otra vez la magia de aquellos juegos en títulos modernos que se esfuerzan por evocar el espíritu de la generación dorada.

Estos esfuerzos rinden sus frutos y, por lo general, el mercado independiente es el encargado de abastecernos con una buena cantidad de juegos de plataformas en 2D que cumplen la norma de calidad apropiada: controles precisos, pixel art sencillo pero bonito, grandes jefes de final de nivel y una dificultad castigadora que requiere de buenos reflejos y memoria por parte del jugador. Dentro de ese nicho de juegos hay felicidad para nostálgicos y revisionistas por igual, pero si los encuestamos seguramente sus favoritos sigan estando entre los 8, 16 y 32 bits reales. Todo esto acaba de cambiar con el lanzamiento de The Messenger.

En este análisis verán un gran aviso de SPOILERS antes y después de cierta parte del texto. Esta revelará algunos elementos del plot y un par de sorpresas necesarias para entender la verdadera magia del juego de Sabotage Studio. Si prefieren no enterarse pueden saltearla y quedarse con la introducción y el cierre de este artículo en el que podrán entender la propuesta en líneas generales sin perderse ninguna de las sorpresas ni las vueltas de tuerca del juego.

The Messenger comienza como un clon de Ninja Gaiden (Ninja Ryukenden en Japón), pero con una buena dosis de humor sarcástico que toca temas de meta gaming. Somos un ninja rebelde con pocas ganas de entrenar, cansado de que el maestro los asuste con una profecía que nunca se va a cumplir. Por supuesto que se cumplirá apenas terminemos de quejarnos y una horda de demonios arrasará nuestra aldea. Justo cuando vamos a enfrentarnos al gigantesco villano aparecerá el “Héroe legendario de la profecía” a salvarnos y nos entregará un pergamino que deberemos llevar hasta la cima de la montaña más alta de la región.

Amanecer de un agitado día Ninja.

Entonces comenzará la aventura, con una jugabilidad pulida hasta el extremo nos desplazaremos lateralmente por un mundo creado en el más bello pixel art de 8 bits. Sabotage Studio utilizó la misma paleta de colores de NES y compuso la banda sonora con las mismas limitaciones, logrando así un chiptune auténtico y realmente pegadizo. A lo largo de los niveles iremos recolectando Time Shards (la moneda del juego) que podremos utilizar en el vendedor de turno para comprar habilidades y mejorarlas. Así aprenderemos a disparar proyectiles, trepar por las paredes y hasta planear gracias a un traje al mejor estilo ardilla voladora (Wingsuit).

El shopkeeper es un gran personaje y, además de vendernos cosas, será el responsable de contarnos qué podemos esperar del nivel y aconsejarnos sobre el próximo jefe de nivel. Pero principalmente nos hará reír, ya sea por sus comentarios ácidos como por sus historias que a veces tienen moralejas y a veces… bueno, prefiero que lo experimenten ustedes. Lo importante a resaltar en este punto es que la historia de The Messenger es divertida y está a la altura de la propuesta jugable que, por si aún no quedó claro, es absolutamente exquisita. Los enemigos tienen patrones de ataque que deberemos aprender, esto es especialmente cierto a la hora de los jefes, que si bien comienzan sencillos se irán complicando a medida que vamos llegando a la cima de la montaña.

Desplazarse por los niveles se vuelve intuitivo gracias a la perfecta respuesta de los controles y a las herramientas que vamos desbloqueando. La combinación entre el Wingsuit para planear y el Rope Dart (grappling hook) nos vuelve una máquina de realizar acrobacias increíbles. Pero la mejor habilidad la desatamos con la espada, ya que no solo podremos romper los proyectiles enemigos, sino que cada vez que le pegamos a algo podremos volver a saltar. Esto significa que si saltamos y golpeamos en el aire podremos volver a hacerlo y, si practicamos lo suficiente, es posible mantenerse en el aire a fuerza de habilidad. Lograrlo no es nada fácil, pero la curva de dificultad de The Messenger es tan gradual que en algún momento nos daremos cuenta que estamos haciendo una coreografía increíble sin habérnoslo propuesto.

Una de las mejores mecánicas de The Messenger es cómo maneja la muerte. La jugabilidad y el tipo de juego que inspiró a Sabotage Studio viene con una dosis propia de frustración, pero la combinación de “vidas + continues” atrasa dos décadas y genera violencia mental. Acá vamos a poder morir ilimitadamente y revivir en el último checkpoint gracias a un pequeño personaje que puede controlar el tiempo y nos salvará “en el momento justo”. El precio se paga en time shards, porque al revivir nos acompañará comiéndose todas las que recolectemos hasta saldar la deuda. De esta forma morir se vuelve parte de un aprendizaje más que una penalización, y además en la pantalla de carga posterior hará una serie de comentarios hilarantes que van a tono con el humor general del juego.

Todo cambiará cuando lleguemos a la cima de la montaña. Luego del increíble jefe de nivel, que requerirá de toda nuestra destreza, el juego parece terminar… Pero pronto nos daremos cuenta que la aventura sigue en el futuro. Este cambio de época se grafica de la mejor manera con la primera de las grandes sorpresas que nos esperan: todo el juego adopta el estilo de 16 bits de Super Nintendo, música, gráficos, modelado de escenarios y personajes, hasta los enemigos hechos de bolas para simular el movimiento fluido, todo está presente.

Y si bien el cambio es estético es una forma increíble de rendirle tributo a la generación dorada del género. Seguiremos jugando hasta llegar a lo que suponemos es la antesala del gran combate contra el jefe final, sin embargo las cosas no terminan ahí, pronto el juego tendrá un plot twist que nos dejará sorprendidos: todo esto fue un preludio, la mayor parte de The Messenger será un metroidvania. Y es que luego de una cinemática entretenida nos habilitaran un mapa y deberemos recorrer todas las zonas anteriores (y otras nuevas) con el fin de completar una melodía mágica que rompa el loop eterno en el que nos encontramos.

El recorrido se siente un juego completamente nuevo, especialmente porque ahora podremos saltar entre el presente y el futuro, revolucionando la jugabilidad y añadiendo misiones secundarias que aprovechan la mecánica. La tienda tendrá nuevas habilidades para comprar, habrá nuevos jefes y tendremos la posibilidad de encontrar todos los medallones verdes ocultos en pos de un premio “fabuloso”.

Aflojá con la Kriptonita, Skeletor.

The Messenger es una experiencia que supera a todas las obras en las que está inspirada. No sólo conjuga los sonidos y la imagen característica de los juegos retro, sino que logra capturar perfectamente su esencia para crear una aventura completamente original. Los controles son perfectos, cada habilidad se siente útil y la curva de dificultad está tan bien pulida que sentiremos que el desafío se amolda a nuestras propias habilidades con el pad. Las primeras 5 o 6 horas de juegos apenas si llegan a rascar la superficie de la propuesta, y créanme cuando les digo que el juego de Sabotage Studio tiene varias sorpresas grandiosas bajo la manga.

https://www.youtube.com/watch?v=oZTLPbQdndo
THE MESSENGER

Revisado en
Nintendo
Switch
El heredero de Ryukenden. The Messenger encarna todo lo mejor de los juegos de acción y plataforma de los 90s. Es divertido, desafiante y original. Un juego absolutamente indispensable que todo el mundo debería jugar.

La aventura perfecta

Developer:
Sabotage
Studio
Publisher:
Devolver
Digital
Plataformas:
Windows PC,
Nintendo Switch
Lanzamiento:
30 de Agosto
2018
Sebastián Cigarreta

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