El fin del mundo es materia común entre los creadores de ficción, y para ser honestos es una obsesión que la humanidad comparte en algún momento de su vida. El subgénero del survival que pone como protagonistas a los zombies tiene varios exponentes, muchos de los cuales son realmente populares, pero de todas formas State of Decay logró generar una comunidad de jugadores fieles. Claro que no era un juego perfecto pero el resultado era original y satisfactorio, más aún si tenemos en cuenta que Undead Labs no es un estudio que cuente con los recursos necesarios para darle un tratamiento AAA a su juego.

State of Decay 2 es uno de los pocos títulos que mantienen la exclusividad de consola con Xbox One y está orientado a ese nicho que supo apreciar las bondades de la primera entrega, pero me parece que aquellos que se estén iniciando en la franquicia la van a pasar mejor. Así como está, el juego representa una completa evolución, en todos los aspectos supera a su antecesor y se mantiene dentro del mismo rango de precio. Es quizás la falta de innovación real la que puede llegar a defraudar a los que ya conocen la propuesta original, pero las mejoras en la calidad de vida serán apreciadas por todos los jugadores sin distinción.

Título:
State of Decay 2
Plataforma(s):
Xbox One, Windows
Desarrolladora(s):
Undead Labs
Distribuidora(s):
Microsoft Studios
Lanzamiento:
22 de mayo de 2018

El corazón del juego son las comunidades, y es que no hay forma de sobrevivir en este mundo despojado de humanidad sin la compañía de otros seres humanos. State of Decay 2 nos da la bienvenida con un tutorial que nos pone en la piel de una pareja, con sus vínculos, sus debilidades y fortalezas. Bajo esta premisa sienta las bases de la aventura, tanto desde el punto de vista narrativo como desde el jugable, haciéndonos elegir la posición geográfica en donde se desarrollará la partida. Lo importante no será el personaje que usemos, sino aprender a fortalecernos como individuos y a la vez formar una comunidad de miembros útiles. Cada elección importa y los recursos son escasos, por eso necesitaremos encontrar el balance entre ayudar al prójimo y no sumar a la comunidad a cualquiera.

La forma de darnos cuenta si un personaje puede resultar útil es tan simple como inspeccionar sus habilidades, entonces sabremos si tiene alguna especialidad y sus cualidades regulares. Las especialidades son las que nos permiten avanzar la base, sin alguien que sepa de medicina nuestra enfermería será simplemente una sala para esperar la muerte; sin alguien que sepa de construcción no podremos fortificar las estructuras; sin un personaje con conocimientos de computación nunca avanzaremos nuestro fuerte al cuarto nivel, todo importa. Esas especialidades se pueden aprender, por lo que también son útiles los NPC que vienen con ese slot en blanco, el resto de las cualidades se pueden entrenar a la vieja usanza: ejercitándonos. Si corremos mejoraremos lo aeróbico, si peleamos mucho con armas cortantes ganaremos una especialización acorde y si usamos armas de fuego aprenderemos a ser más certeros.

La forma en la que suben de nivel los personajes nos invita a utilizarlos a todos y del sabio recambio de estos dependerá, en gran parte, el futuro de nuestra comunidad. Aquellos que más salen a explorar siempre serán los que mejores stats consigan, pero también se cansarán más y eso conlleva penalizaciones. Un personaje cansado también puede generar conflictos entre otros ciudadanos, causando estrés y hasta hostigamiento que puede llevar a que algunos miembros abandonen el asentamiento. Otro factor importante es que si dependemos demasiado de un personaje mayor será la tragedia cuando se mueran porque, sí, se van a morir, y State of Decay 2 cuenta con permadeath, es decir que todo lo que muere así se quedará para siempre.

La muerte llegará sin avisar y siempre será trágica. Aún siento no haber protegido mejor a la Sargento Williams, estaba cansada y la llevé a la base para que descanse. Como me había enfocado en buscar recursos había descuidado la limpieza de hordas de zombies, lo peor es que con la nueva oleada de recursos active una importante serie de mejoras en la base. Toda mejora genera ruido mientras se desarrolla y esa noche una horda importante atacó la base, logramos resistirla a fuerza de machetes y pistolas, pero nos costó la vida de uno de los miembros más importantes de la comunidad, uno que hacía rato había subido al rango de héroe. Williams era hábil en combate acrobático, podía derribar zombies a la carrera y sus disparos perforaban a través de las masas de zombies, era fundamental para la comunidad y nos costó mucho llenar el vacío.

Lo interesante de la propuesta de Undead Labs es el día a día, la búsqueda de recursos, la exploración cotidiana y las misiones emergentes. La jugabilidad un poco rústica pero adictiva como pocas, siempre habrá algo más que hacer antes de cerrar el juego y el hecho de que no exista pausa alguna solo lo hace más difícil de soltar. Las misiones disponibles no son de lo más variadas, pero a medida que vamos completándolas se volverán más desafiantes. Eso se debe a que el mundo se hará cada vez más hostil, entonces quizás estamos limpiando un corazón de plaga y se cruza una misión emergente con una horda ambulante y será cuestión de huir o morir. Esa incertidumbre constante suma al clima y a la tensión propia del ambiente, aún más sabiendo que la muerte es definitiva. Desde el acceso previo, y especialmente durante la semana de lanzamiento, los desarrolladores vienen lanzando parches que mejoraron varios de los bugs que atestaban los builds tempranos. Los había de todos los colores y sabores, zombies voladores, paredes invisibles y algunos que directamente congelaban el juego. Personalmente encontré solo dos instancias en las que el juego se frenó, ambas enfrentando un Juggernaut y oleadas de zombies a la vez, pero fue uno de los errores que se arreglaron con los primeros parches.

El punto flojo del paquete es, sin lugar a dudas, el potencial desperdiciado. Cuando comenzamos, sin importar la pareja que hayamos seleccionado, tendremos lo que parece ser las bases de un vínculo emocional entre ambos. Algunos diálogos entre los personajes de la comunidad dan a pensar lo increíble que hubiera sido que las relaciones entre ellos se puedan manifestar y desarrollar, que todo el bagaje de emociones que implica sobrevivir en un mundo asediado de no muertos afecte el desarrollo de la aventura. Pero no, el estrés es un estat perjudicial, las discusiones son un aviso tan frío como “fulano está causando disturbios en la comunidad”, las muertes importan desde la pérdida jugable pero la comunidad solo dirá una o dos frases genéricas y seguirá con su vida. Cuando Williams murió uno de los nuevos integrantes dijo “Serás recordada con cariño”, y procedió a quitarle el equipamiento, más artificial imposible.

El resto funciona bien y se corresponde con un proyecto de cuna independiente. El motor gráfico es modesto, al igual que su manejo de físicas, pero cumple a la perfección. No hay ralentizaciones cuando aparecen docenas de zombies en pantalla y los controles responden bien, tanto en combate como a la hora de la exploración. También siguen estos lineamientos claros cuando nos hallamos mejorando la base, ya sea de forma presencial o a distancia desde su propio menú. La primera partida será trágica, la segunda mejorará, y pronto seremos expertos sobrevivientes. State of Decay 2 logra mantenernos cautivados el tiempo necesario como para mostrar su mejor costado y una vez que aprendamos sus fundamentos básicos se vuelve una experiencia súper disfrutable, en especial si tenemos la chance de jugar acompañados. Puede que decepcione desde las posibilidades desperdiciadas, más que nada en cuanto al factor humano, pero es una mejora sustancial a la experiencia original y una fuente de buena diversión post apocalíptica.

State of Decay 2
XBOX ONE, PC

No todo está perdido

Especialmente para la franquicia de Undead Labs, que desperdició el potencial de innovar en pos de una experiencia sólida, divertida y que se las arregla para mejorar con creces a su antecesor. 

7

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Sebastián Cigarreta

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