Mi aproximación hacia la obra de Hidetaka Miyazaki significó un cambio en la manera de ver los videojuegos, sobre todo cuando hablamos de dificultad, justicia y mecánicas pulidas. Quizás haber empezado a recorrer este hermoso universo por Bloodborne no haya sido lo más acertado, fue como haber empezado una cena por el postre. Porque de verdad es una obra maestra; su retorcido pero interesante lore, su perfecta ambientación y su sistema de combate -que hace que morir sea una lección más que un castigo- lo transforman en una experiencia súper satisfactoria y placentera; pero también muy desafiante.

Mi segundo paso en la saga Souls fue Dark Souls 3, el último título de From Software. El perfeccionamiento de una fórmula a la que pocos se atrevían a enfrentar, porque la realidad es que la dificultad no es para todos, y no es un prejuicio ni una máxima. Hay quienes prefieren juegos que se enfoquen en contar una gran historia, dejando la dificultad como algo anecdótico, y está bien. Personalmente me encontré con algo parecido a Bloodborne, pero menos visceral y mucho más lento, pero igual de táctico y ofuscante. Es más, tuve que aprender a usar escudos, algo a lo que me rehusaba de cualquier manera.

Finalmente llegó a mis manos la remasterización del primer Dark Souls; que nos propone volver al Reino de Lordran siete años después de su lanzamiento original, a 1080p y a 60 cuadros por segundo. Sería la primera oportunidad que le diera al juego que -junto con Demon’s Souls- le dio vida a la fórmula que años después daría a luz a uno de mis juegos favoritos de esta generación, Bloodborne. Sin embargo, este fue uno de los principales problemas: sentí mucho el salto de generación, aunque solo haya cuatro años de diferencia entre uno y otro. Pero en el fondo sabía que esta negación hacía un no-bloodborne provenía más de mí falta de bagaje sobre la saga que a una falencia del juego.

La magia está intacta y a 60 cuadros por segundo.

Lo que sucede con Dark Souls: Remastered es que para los jugadores que no hayan podido jugar la versión original durante su salida -allá por 2011-, se encontrarán con un juego que va a funcionar mejor como una lección de historia sobre el género “souls like”, que como una experiencia “nueva” y satisfactoria. Eso no quiere decir que esta remasterización sea mala o no cumpla con las expectativas; todo lo contrario; si había un juego que necesitaba una edición aggiornada a las bondades tecnológicas de hoy era este. Pero es inevitable sentir el tirón de jugabilidad si lo comparamos con Dark Souls 3 o Bloodborne. Pero eso se compensa con el rendimiento técnico de esta versión, que deja atrás los 720p y los -casi- 30 fps para deleitarnos con unos fluidos 60 cuadros por segundo a 1080p. Las mejoras visuales también son un gran atractivo para revisitar estas tierras. Las nuevas texturas, la mejor iluminación y el reescalado del juego ayudan mucho a apreciar mejor lo que hay a nuestro alrededor, haciendo mucho más agradable la exploración del Reino de Lordran.

Los jugadores más asiduos de la obra de Miyazaki encontrarán en esta versión un gran abrazo fraternal, porque la magia está intacta y es fiel a lo que fue en su momento. Cosa que no es menor, ya que cuando se interpone la nostalgia se puede caer en zonas no muy felices del gaming. Pero en esta oportunidad este sentimiento no causa estragos en la experiencia final, porque lejos de ser un mero maquillaje visual, Dark Souls Remastered viene a ofrecer una edición definitiva, ya sea nuestra primera visita o seamos veteranos por estos lares. Algo que también llamará la atención de los más experimentados hacia este título es la notable mejora en el sistema multijugador. La inclusión de servidores dedicados se traduce en interacciones más fluidas a la hora de jugar en cooperativo o durante el PvP. También se incrementó la cantidad de jugadores que pueden participar en simultáneo de cuatro a seis; adicionando además la posibilidad de establecer matchmaking con contraseña, algo imposible en 2011.

Además de poder disfrutar el plot inicial de Dark Souls, esta remasterización trae consigo el DLC Artorias of The Abyss, lo que le da mucha más tela para cortar a quienes quieran disfrutar de un viaje super placentero. No sólo podremos ver el mundo como jamás pudimos, sino que se han limado algunas asperezas técnicas con las que venía este contenido extra.

Si intentara criticar algo sobre este juego, no serían detalles significativos, sino más bien nimiedades que no hacen sufrir detrimento alguno al juego. Quizás haya faltado algún contenido extra -por más mínimo que fuese- o actualización estética de los menús, para favorecer y mejorar la jugabilidad del título. Mejorar las voces de algunos NPC también podría haber sido algo acertado ya que por momentos se sienten un poco lejanas y poco claras; pero nuevamente, no es algo que afecte mucho la experiencia final.

Avivando la llama del fuego sagrado.

El juego está vivo y eso es una señal de que las cosas se hicieron y se están haciendo bien, dándole al jugador lo que realmente quiere. Quien revisite el primer juego de la trilogía seguro encontrará algo que lo haga permanecer en él por horas; tanto como para quienes no fueron contemporáneos a la saga y quieren conocer una de las piedras fundacionales de la generación pasada; como para aquellos que supieron disfrutar de los primeros pasos de Miyazaki. Gran trabajo del estudio polaco QLOC al adaptar la obra de From Software, quien en esta oportunidad sólo se encargó de supervisar. Lo importante esta vez es estar preparado para morir, a 60 cuadros por segundo.

https://www.youtube.com/watch?v=MrqAxndBiTA&has_verified=1
DARK SOULS: REMASTERED

Revisado en PS4
Dark Souls: Remastered revive uno de los mejores juegos de la generación pasada. Su actualización gráfica y de rendimiento hacen de la aventura algo mucho más placentero.

Un gran viaje

Developer:
QLOC
Publisher:
Bandai Namco
Plataformas:
PS4, Xbox One, Nintendo Switch
Windows PC
Lanzamiento:
25 de mayo
2018
Germán Raffo

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