Ni bien el juego comienza nos recibe una estética única y llamativa, la cual describe un momento de tensión donde vemos una antorcha en el suelo y una casa de donde agónicos gemidos escapan en busca de ayuda. Todo está sumido en tinieblas, por lo que nuestra primer (y más lógica) reacción es la de tomar la única fuente de luz para iluminar nuestro camino, pero el juego nos frena e insta a que nos dirijamos a la casa. Al hacerlo, el narrador nos avisa que está muy oscuro, por lo que necesitaremos una fuente de luz para guiarnos. Eso es todo lo que necesité para saber que lo que me esperaba por delante es una aventura con puzzles estrictamente guionados bajo una máscara de bellísimo arte.

Este estilo de aventura es uno muy particular, el cual debe contar con un control preciso y fácil de aprender, así como un acabado visual que sepa dejar en claro qué parte del escenario es interactivo y cuál no. Prince of Persia, Flashback y Out of this World son los abuelos de este género, uno que supo amasar miles de seguidores con un sistema que ponía a prueba nuestros reflejos así como nuestra capacidad de razonar bajo presión. Años más tarde títulos como Abe’s Odyssey y Heart of Darkness supieron perfeccionar la fórmula, agregando diferentes particularidades a cada título, abriendo así la puerta a un sin fin de posibilidades.

Navegando por ríos acuarelados.

Al pasar los años este género fue apareciendo cada vez menos, pero fue resucitado gracias a la industria indie con títulos como The Cave y Limbo, demostrando que las nuevas mecánicas pueden revivirlo y ponerlo a la par de los grandes. El problema con las desarrolladoras independientes suele ser que se relajan mucho en el factor nostalgia y homenaje, olvidando traer cosas nuevas a la mesa, dejándonos con un juego mediocre que será enterrado en nuestra memoria por otros mejores y más atrevidos.

La historia comienza con el repentino rapto de un Shaman a manos de la tribu Wakcha. Teku tendrá en sus manos la tarea de liberar al importante rehén y desentrañar los retorcidos motivos de los Wakcha detrás de este cruel acto. Con la ayuda de una vela cuya llama jamás se extingue (o al menos eso dicen hasta que la mecánica del juego demuestra lo contrario), nos embarcamos en una aventura llena de puzzles injustos y controles duros y poco intuitivos.

La mecánica principal de Teku será la de poder mantener una llama en su mano (siempre que un viento no la sople o el agua no la moje) para poder iluminar caminos oscuros o resolver diferentes enigmas. Además, podremos hablar con los diferentes miembros de nuestra tribu que nos encontraremos mientras avanzamos en la historia. Algunos nos ayudarán, otros necesitarán nuestra ayuda, pero entre todos construirán el lore detrás de estas dos extrañas tribus y su larga rivalidad.

Durante nuestra aventura nos acompañará un relator que no se decide si romper la cuarta pared o no. A veces le habla a Teku, a veces a nosotros, pero es tan inconsistente que la narrativa termina perdiendo seriedad e importancia. Este mismo narrador será el que nos describa los puzzles o nos traduzca lo que dicen los demás personajes, los cuales hablan en su propia lengua.

La mezcla de plataformas y aventura gráfica suele ser una pareja hecha en el cielo, pero en este caso es un poco más mundana la cosa. Si bien el gameplay no está roto y en general es jugable, los controles son tan duros que la parte de plataformas usualmente lleva a muertes innecesarias o a arruinar acertijos que, mentalmente, los teníamos cocinados. Pero en el lado puzzle también tiene sus grandes pecados: En su mayoría las pistas para resolver un acertijo están escondidas en una pequeña parte de un escenario inmenso y lleno de detalles.

Por momentos tenemos que detenernos y mirar cada rincón de la pantalla para ver si algún dibujo o pista se nos perdió en el mar de follaje, enemigos, rocas, animales, agua y lluvia. Imaginarán que eso no es para nada divertido, y menos aún cuando necesitamos que Teku levante su vela y genere un círculo de luz para develar los secretos del escenario. Esta animación durará como mucho 2 segundos, pero tener que avanzar 5 pasos y repetirla hasta que algo aparezca puede llegar a ser de lo más fatídico que hay.

Otra forma en la que el juego nos presenta dilemas es escondiéndonos plataformas más allá de lo que la pantalla nos permite ver, o detrás de arbustos pegados sobre un abismo. Esto hace que gran parte del juego nos la pasemos saltando a diferentes muertes rezando que una de esas veces descubramos algo. Y como si fuera poco, también podemos activar dispositivos o pasadizos saltando en puntos específicos, lo cual termina revelando un switch escondido que nos abre una puerta. Recuerdo sólo una vez en la que se entendía que saltando en el lugar activaríamos algo, el resto de las veces era pura suerte o estar saltando en el lugar cada 2 o 3 pasos. Divertidísimo, se imaginarán.

El famoso shrug también dice presente.

Otra de las delicias de Candle: The power of the flame, es la de presentar puzzles arbitrarios y que se resuelven en un orden específico. Esto significa que si se nos ocurre cómo resolver un puzzle pero antes de eso no resolvimos uno anterior o activamos una secuencia específica, no llegaremos a nada. Y no estoy hablando de los que necesitan un orden como una llave para abrir una puerta, donde encontramos un barril para escondernos, por ejemplo. Hablo de mecánicas que no están relacionadas, pero el juego exige que las resuelvas como a él le parece, lo que puede ocasionar que nos trabemos injustamente.

De todos modos, no le voy a quitar el mérito a Candle la llamativa banda sonora (que suena extrañamente a un híbrido entre Uncharted y Monkey Island) y el hermoso arte visual de Candle: Power of the Flame. Los animales y escenarios son muy creativos y todo parece tener vida. Son más los momentos que me senté a contemplar lo que estaba viendo que los que disfruté jugando, pero al menos no todo fueron pérdidas.

Candle no es un juego con el que puedas sentarte con amigos, charlar y disfrutarlo. Te demandará toda tu atención, y pobre de vos si no se la diste. Porque un mínimo desliz y se nos pasará de largo ese ítem clave que venimos buscando desde hace horas. Y lo que hace de esta tarea un desafío aún peor es el hecho de lo lento que es todo en el juego. Teku camina lento, los enemigos se mueven lentos, al terminar un puzzle la animación es lenta… y más de una vez me encontré cacheteándome para mantenerme despierto. Eso nunca puede ser algo bueno en un videojuego.

https://www.youtube.com/watch?v=ldr3CCEPL_g
Candle: The Power of the Flame

Revisado en PS4
Candle: Power of the Flame falla en mucho más de lo que acierta, y lo que hace bien ya lo hicieron otros en el pasado. Como experiencia es entretenida hasta que comienza a ser frustrante y soporífera, por lo que si no tenés la paciencia de un ángel, te recomiendo que busques diversión en otro lado.

Se apaga sola

Developer:
Teku
Studios
Publisher:
Merge
Games
Plataformas:
PS4, Xbox One,
Nintendo Switch
Lanzamiento:
26 de julio
2018
Rodrigo Scarlata

Autor Rodrigo Scarlata

Licenciado en Letras. Creció con Hokuto no Ken. Play y Jojo para mantenerse joven. Editor, Redactor. Twitter

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