La odisea queda en pausa con Kassandra mirando al horizonte, con el vasto mar Egeo al frente y nuestro fiel Ikaros reposando sobre nuestro antebrazo protegido. El fin de la narrativa principal se siente como un capítulo cerrado, uno que abre el camino para el resto de las aventuras que guarda Assassin’s Creed Odyssey. Ubisoft Quebec tenía una tarea descomunal entre sus manos: superar a la mejor entrega de la saga, su predecesor, y de alguna manera lo consiguieron. Claro que algunos aspectos cayeron en el intento, esta nueva entrega no es perfecta, pero sin dudas está entre los mejores trabajos del estudio canadiense.

Assassin’s Creed Odyssey se siente como una extensión de Origins, pero lejos de jugarle en contra lo fortalece. Así como su antecesor fue el responsable de romper con el pasado de la saga y llevarla hacia nuevos horizontes, Odyssey es el que corrige el camino y lo cimenta para confirmar que la gallina de los huevos de oro de Ubisoft está de regreso definitivamente. Claro que la franquicia de asesinos y templarios tuvo que mutar para aggiornarse y para eso tuvo que matar varias características, casi al mismo ritmo con el que adoptó otras de títulos de esta generación.

Todo aquel que esté esperando una historia fuerte puede romper sus expectativas ya mismo. Lo que sucede en el presente muestra potencial y aporta una sensación de continuidad, pero no llega a generar el interés ni la empatía suficiente como para merecer un capítulo aparte. Y por el otro lado la (ficticia) historia principal, desarrollada en Grecia en medio de la guerra del Peloponeso, propone algo diferente a lo que nos tiene acostumbrado la saga. Con la posibilidad de elegir entre Alexios y Kassandra, Ubisoft da el primer paso hacia una narrativa diferente, más representativa y con ello impacta positivamente en el costado empático del jugador.

La patada de “300” sale a pleno.

Elegir es un poco más que una decisión estética, desde ese punto de vista el juego trata a los hermanos con igualdad, pero son los pequeños detalles en los diálogos y los desenlaces los que suman hacia el cambio mayor. La Grecia ficticia de Ubisoft está plagada de mercenarios que vendrán a reclamar nuestra cabeza, si es que desatamos el caos y no pagamos las multas en metálico (o asesinamos al que nos denunció) y pueden ser tanto hombres como mujeres. Es un detalle importante porque suma realismo y rompe con la construcción moderna del pasado, esa que nos hace suponer que lo que hoy consideramos “normal” existe desde siempre. Tengo que admitir que ver a una mujer, una mercenaria, hacerse desde abajo para llegar a capitanear un barco y derrocar un imperio me resultó glorioso. Por eso para mí nunca fue una opción, Assassin’s Creed Odyssey está protagonizado por Kassandra y vaya heroína resultó.

Las decisiones continúan, podremos hacer de nuestro protagonista un héroe o un asesino maniático, un mercenario que solo ve el vil metal o alguien que entiende de contextos y sentimiento. Cada una de las misiones secundarias tiene un sentido y, si bien no todas afectan a nuestra concepción moral, sí están bien escritas como para no resultar directamente olvidables. Las opciones de diálogo afectarán las próximas misiones que podremos tomar, las reacciones de la gente y nuestra notoriedad. Todo lo que Assassin’s Creed Odyssey pierde al presentarnos una historia flexible, menos lineal, lo gana en empatía e identificación. En algún momento de la aventura pasé a sentirme Kassandra y la heroína era una extensión mía, por eso perderme en el inmenso y hermoso mapeado siempre resultó un placer.

No me gusta lidiar en absolutos (no soy un Sith) pero tras más de 70 horas de juego puedo decirles sin tapujos que el mundo de Assassin’s Creed Odyssey es inmenso. Pero lo importante no es la extensión, sino la cantidad de actividades que podemos realizar sin sentirlo genérico. Cada pueblo, montaña, cueva submarina y castillo derruido se siente hecho a mano, como si estuviéramos explorando una reconstrucción de la Grecia antigua. Templos a los viejos dioses con pasadizos secretos, cartas que indican el camino para llegar a un tesoro (generalmente runas para mejorar nuestro equipamiento), misiones que podemos resolver sin haberlas levantado de antemano, todo se siente natural y el contenido emergente resulta en una inmersión casi absoluta.

Hacer las misiones secundarias no se siente como un tedio, sino como parte del viaje. El menú contextual fue mejorado para favorecer la exploración con el mínimo de interferencia, mientras que el menú principal tiene cada pestaña bien diferenciada. El mapa tiene toda la información necesaria, la brújula nos indica los objetivos por descubrir y los indicadores personalizados hacen el resto del trabajo. Por supuesto que se pueden desactivar para una experiencia más desafiante, pero también puede jugarse en una modalidad más orientadora para aquellos que prefieran una satisfacción más rápida. La palabra clave es “decidir”, por eso todo es desactivable, siempre hay una alternativa para que el juego se adapte a nosotros y no al revés. La única decepción en este aspecto es la ausencia de un doblaje al griego, quizás era mucho pedir, pero viendo lo auténtico del resto de la propuesta escuchar actores de voz en inglés con acento griego rompió un poco la inmersión.

El precio de haber perdido la historia lineal y grandiosa lo devuelve con creces en el apartado jugable. Y lo mejor de la propuesta es la forma en la que los diferentes aspectos del juego trabajan en armonía. El sistema de combate continúa con la línea de lo visto en Origins, pero pulido, diferenciando bien cada una de las armas según su peso, tipo de daño y velocidad de uso. La progresión se lleva a través de tres árboles de habilidades que representan las aproximaciones al combate: Cazador (a rango, con el arco), Guerrero (cuerpo a cuerpo) o Asesino (a traición, ya saben, lo divertido). Lo interesante es que las habilidades se sienten útiles y tendremos que elegir bien antes de invertir los puntos de skill, ya que solo se consiguen en las tumbas especiales o subiendo de nivel, y esta última forma se vuelve paulatinamente más difícil si no hacemos las misiones secundarias. Por suerte son entretenidas y, si exploramos bien, no nos quedaremos atrás en el progreso.

Hay tres apartados que completan la propuesta, aportando variedad a la rutina de cumplir misiones y cobrarlas. En primer lugar tenemos el regreso del combate naval, con la posibilidad de mejorar nuestro navío y reclutar cualquier enemigo para sumarlo a nuestra tripulación. Mientras mayor sea su nivel mejores serán las habilidades que aporte al equipo. En segundo lugar tenemos los combates abiertos, grandes batallas campales que se habilitarán cuando rompamos el balance de poder de una región. Esto se logra rompiendo recursos, matando capitanes y saqueando el tesoro del gobernante. Si bien son sencillas, ofrecen una bocanada de aire fresco a la rutina y otorgan grandes recompensas. Finalmente están los mercenarios, estos vienen a cazarnos cuando cometemos demasiados crímenes. Si los matamos tenemos la chance de quedarnos con una parte de su equipo, generalmente de élite, si lo reclutamos quizás ganemos un gran aliado. De todas formas están divididos por categorías, si vamos subiendo entre sus filas llegaremos a enfrentarnos al último y más poderoso de ellos. Este apartado cumple dos funciones, la obvia es el desafío que representan, la otra es complicarnos la existencia. Y es que pueden venir de a varios y, por lo general, nos persiguen en los peores momentos, como cuando estamos asaltando un campamento. Todos son generados aleatoriamente y nos hacen recordar, muy vagamente, a lo que vimos en Middle Earth: Shadow of Mordor/War.

Alta facha para salir a cercenar enemigos.

La aventura comienza como una venganza y luego quedará a nuestro albedrío. Matar es una opción y para esta franquicia es algo revolucionario, encarnamos un “asesino” puede noquear enemigos y perdonarles la vida para que se sumen a nuestra tripulación. Y en ese concepto se concentra la propuesta de Ubisoft y radica lo más interesante de Assassin’s Creed Odyssey, por primera vez “todo está permitido” a diferencia del resto de la saga en la que solo podíamos asesinar. Es cierto que la historia se diluye entre tantas misiones secundarias, y cuando finalmente la completemos no nos quedaremos boquiabiertos como en otras ocasiones, pero sí tiene un final coherente. Otros puntos flojos son detalles técnicos, algún glitch ocasional y (al menos en Xbox One) tiempos de carga importantes como el ocasional pantallazo negro cada vez que exploramos demasiado con el águila. La única vez que se rompió mi partida lo pude solucionar teletransportandome al barco, pero hubo todo tipo de registros de usuarios con problemas. Esto es un mal de todos los juegos de mundo abierto y generalmente se parchan relativamente rápido, pero no deja de ser una apuesta.

El punto fuerte del juego de Ubisoft Quebec es la exploración en el mundo hermoso, vivo y enorme que podemos recorrer. La magia está en la cultura griega, en los dioses antiguos y sus criaturas mitológicas, en las tumbas olvidadas, en las ruinas submarinas y en las batallas navales que se juegan mejor que nunca.  Hoy por hoy es uno de los mejores juegos de mundo abierto y deja la vara bien alta para cualquier otro título que intente acercarse a estos niveles de belleza, diversión y con un combate que balance tan bien la complejidad y la accesibilidad.

https://www.youtube.com/watch?v=WTltQ_Ra01I

Revisado en
Xbox One
Ubisoft encontró la forma de transformar una saga saturada de entregas en el Action RPG de mundo abierto más atractivo del año. No será fácil de superar en cuanto a jugabilidad, pero sacrificó la historia para lograrlo.

Legendario

Developer:
Ubisoft Quebec
Publisher:
Ubisoft
Plataformas:
PS4, Xbox One,
Windows PC
Lanzamiento:
5 de Octubre
2018
Sebastián Cigarreta

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