Uno de los exclusivos de Sony más esperados de los últimos años finalmente está entre nosotros. Detroit: Become Human es lo nuevo de Quantic Dream -el estudio dirigido por el polémico David Cage- y tiene una propuesta más que interesante, y familiar, para sus seguidores. Después de un épico Heavy Rain y un resistido Beyond: Two Souls, llega una aventura que busca reivindicar a Cage, a nivel artístico obviamente, con sus seguidores. Quienes conozcan los títulos previos del estudio, sabrán que la narrativa y la toma de decisiones por parte del jugador son la columna vertebral de este tipo de producciones, y este caso claramente no es la excepción. Nos podemos encontrar con pequeñas determinaciones que no tendrán tanta incidencia en los sucesos a futuro, o incluso hasta con grandes encrucijadas que harán dar giros inesperados a la historia.

Que desborda por todos lados la pluma y el estilo de Cage. En pocas líneas, para evitar spoilers, el juego transcurre en una Detroit futurista donde los androides son una realidad y están al servicio del ser humano. El teaser jugable que vimos y jugamos hasta el hartazgo desde el anuncio hasta el lanzamiento resume un poco qué es lo que está pasando con los androides. Ciertos modelos empezaron a desarrollar pensamientos y razonamientos propios, lo que presume una gran amenaza para la seguridad de los Estados Unidos. Como es costumbre en los juegos de Quantic Dream, tendremos en nuestro control a más de un personaje; en este caso seremos parte de la rebelión con los divergentes Kara y Markus; y estaremos al frente de la investigación con el androide especial de CyberLife, Connor. A pesar de ser máquinas, cada uno de ellos tendrá un perfil definido e irá desarrollando -gracias al jugador- una personalidad y empatía con otros androides y seres humanos.

Título:
Detroit: Become Human
Plataforma(s):
PlayStation 4
Desarrolladora(s):
Quantic Dream
Distribuidora(s):
Sony Interactive Entertainment
Lanzamiento:
25 de mayo de 2018

Como trasfondo, David Cage utiliza muchos recursos sociales para darle más fuerza al contexto que rodea al juego. Violencia doméstica y laboral, abuso de drogas, esclavitud, racismo y otras problemáticas contemporáneas se reflejan a lo largo del plot. Sin embargo, no es muy acertada la manera en la que se incluyen este tipo de temáticas, que buscan sensibilizar o lograr una conexión más fuerte con el jugador, pero terminan por traducirse -en la mayoría de los casos- como meros clichés hollywoodenses. El caso que me generó más sentimientos encontrados fue el del teniente Hank Anderson, compañero de Connor a lo largo de la investigación sobre los divergentes. Un personaje desarrollado a base de estereotipos estadounidenses del oficial exitoso que después de una tragedia decidió dejarse estar y ahora es una bola de dramas personales. Sin embargo, este arquetipo gastado de policía terminó generando algunas buenas migas y -a modo personal- tiene su papel importante dentro del desarrollo de la personalidad de Connor.

La lucha divergente es también un reflejo histórico de la realidad. Es que la ciencia ficción no hace más que emular algunos procesos sociales y culturales que han tenido lugar hace no muchos años. Donde los actores son otros, pero los reclamos son los mismos. Como jugadores nos encontramos con la responsabilidad de alzar y hacer escuchar la voz de los androides, quienes reclaman derechos laborales, libertad de expresión, igualdad, y muchos más derechos que los humanos en teoría tienen asegurados. Utilizar todos estos guiños históricos dentro de los Estados Unidos puede ser un arma de doble filo, ya que por momentos queda banalizada con varios estereotipos poco cuidados toda la lucha real que han tenido que atravesar distintos grupos sociales. Claro que para la espectacularidad general de la obra de David Cage esta fórmula funciona a la perfección, pero eso no quita que haya una mirada muy poco profunda en esta cuestión.

Detroit: Become Human tiene una dirección cinematográfica y fotográfica envidiable. En estos juegos donde nuestra interacción se resume a la de desplazarnos por los escenarios y tomar decisiones, es muy importante tener un entorno que acompañe cada una de las acciones que se llevan a cabo. Eso se evidencia cuando cada una de las tomas que hay en el juego logran contar algo más de lo que se dice con palabras, lo que transforma el título en casi una película interactiva, una descripción muy común para todos los juegos de Cage. Obviamente no faltan los ya clásicos quick time events, que -en modo difícil- requerirán una atención especial para poder superarlos satisfactoriamente. Esta entrega también intenta incluir pasajes de acción -persecuciones por lo general- donde supuestamente tenemos mayor libertad para desplazarnos por los escenarios. Supuestamente, porque no están del todo pulidos, ya que se sienten muy scripteados y son siempre muy lineales.

Para los amantes del género, el árbol de posibilidades que se desata con cada una de nuestras decisiones es ridículamente amplio y eso es genial. Además, gracias a un sistema de afinidad y reputación entre personajes, este árbol se vuelve más crítico, ya que es posible que si no tenemos buena relación con un personaje, no podamos conseguir ciertos resultados en la historia. Incluso los protagonistas pueden morir antes de llegar al final del juego, lo que cambia de manera drástica todo el desarrollo, algo a lo que ya nos tiene acostumbrados David Cage. Que haya decisiones importantes y dramáticas depende mucho del jugador y qué tanta afinidad ha logrado desarrollar con cada personaje. Este es uno de los fuertes de Detroit: Become Human. Ya que desde la narrativa se hace todo lo necesario para que empaticemos con los androides, y con las decisiones se intenta poner al límite e intentar corromper esos sentimientos generados.

Para reforzar la sensación de que estamos escribiendo nuestra propia historia, al final de cada capítulo podemos ver un diagrama de flujo donde se aprecia la cantidad de variantes que hubiésemos tenido de haber jugado de otra manera. Cuando digo “reforzar la sensación” no es porque las decisiones sean un maquillaje del juego y no tengan un peso tangible, sino porque el juego tiene un claro guión de base, pero depende de nosotros cómo -y con cuantos personajes- llegamos al final del juego. Por eso es tan importante cómo conectamos con los protagonistas. En mi primer partida decidí hacer de Connor un agente perfecto y resolver cada situación de manera satisfactoria; aunque también llevé la revolución androide al extremo de la mano de Markus. Estaba disfrutando de dos grandes personajes muy diferentes entre sí hasta que en cierto momento tuve que decidirme por uno sólo. ¿Cómo elegir entre dos personajes que no son más que un reflejo de uno mismo? El juego sabe cómo hacerlo y bien.

Técnicamente el juego es un reloj suizo. El alto detalle gráfico hace todavía más profunda la experiencia, porque los escenarios realmente están vivos y recorrerlos en busca de secretos y pequeñas interacciones es un viaje de ida. Ya sea en pleno centro de Detroit, que rebalsa de tecnología, o en los lejanos suburbios donde parece no llegar tanto lujo, el entorno tiene algo para decir. Por otra parte, Detroit: Become Human podría ser una clase maestra sobre motion capture, es que cada pequeño gesto facial o movimiento está estudiado y plasmado para dotar -incluso a los androides- de un realismo inefable. La versión estándar, para PlayStation 4, corre de pelos y se suma a la lista de títulos que exprime a fondo un hardware que no parece tener ya un lustro de antigüedad.

Cuando hablamos de David Cage es inevitable mencionar todo lo que trascendió sobre sus comportamientos tóxicos como director de Quantic Dreams. Denuncias en su contra por abuso, acoso, racismo y otras conductas imperdonables han llegado a los medios por parte de trabajadores del mismo estudio. Por lo tanto es imposible no relacionar estas acusaciones con la mayoría de las problemáticas que se presentan a lo largo de su último título y no sentir cierta incoherencia, o tal vez entender por qué algunas cuestiones sociales del juego se trataron con tanta liviandad.

Detroit: Become Human es el regreso a lo grande de David Cage al ruedo. Es la fórmula que Quantic Dream amasó y perfeccionó a lo largo de tantos años, y que sigue tan vigente y viva como en sus primeros títulos. El estudio supo crear un guión que cumple con creces la tarea de mantenernos atrapados al mando por más de 10 horas, y a la vez lo suficientemente versátil como para apostar a la rejugabilidad del mismo. Uno de los principales atractivos del juego es que cada jugador puede tener una historia totalmente diferente. Bueno, es cierto que hay un eje, pero por otra parte nuestras decisiones van moldeando personalidades y cómo nuestros androides se relacionan con sus pares. Un gran drama futurista donde nuestras decisiones podrán llevarnos por inesperados e interesantes caminos.

Detroit: Become Human
PS4

Un triple A de culto

Detroit: Become Human tiene todo para ser uno de los titanes del año. La obra cumple con los estándares de calidad que hicieron grande a David Cage.

8,5

FANTÁSTICO

Germán Raffo

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